viernes, 6 de mayo de 2011

La hiedra en la cosmetología natural

Esta planta no debe confundirse con la hiedra terrestre. Crece en los países templados, en lugares sombríos; se caracteriza porque se adhiere a los árboles y a los muros por medio de unas raíces, llamadas adventicias, pero también puede arrastrarse por el suelo. Las hojas siempre son esparcidas, coriáceas, y poseen un peciolo cilindrico regularmente largo.


Las hay de dos clases, unas tienen forma palmada; son las que se encuentran en las ramas estériles; las otras, las que se hallan en las ramas fértiles, son enteras y de forma oval. Florece a principio del otoño. 

Las flores presentan un color verdoso-amarillento, y se agrupan en forma de umbela; los frutos son pequeñas bayas globulosas, que toman un color negruzco al madurar, y tienen el tamaño aproximado de un guisante.

En algunas partes se cultiva con fines ornamentales. De esta planta se pueden emplear las hojas, que se recogen durante todo el año, pero son todavía mejores las que se recolectan en las hiedras que se arrastran. 

Son más eficaces después de que se ponen a secar al sol. En tiempos pasados se empleó para bajar la fiebre y también contra algunas afecciones inflamatorias y de los ojos. Debido a que contiene ederina y otras sustancias vasoconstrictoras, se considera una planta veneno¬sa, por lo que debe usarse con cautela.

Propiedades cosméticas: Las decocciones se emplean en forma de compresas contra la celulitis; las infusiones, en baños, también contra la celulitis.

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