La alimentación influye decisivamente en el olor corporal. Así, las personas que consumen carne suelen tener un olor corporal más fuerte que las vegetarianas.
Un excelente desodorante natural es comer alimentos ricos en clorofila como el perejil, los nabos, la lechuga, la remolacha, los rábanos y los berros. La clorofila es bactericida y, por tanto, contribuye a mantener a raya las bacterias que causan el mal olor corporal.
